Organismos venenosos de la comarca: la víbora hocicuda
Etiquetas: Fauna
Vipera latastei Boscá, 1.878 (familia viperidae)
Víbora hocicuda
Descripción: cuerpo grueso y corto, cola pequeña, tamaño variable pero inferior a 60 cm, cabeza triangular y bien diferenciada del cuerpo, con un apéndice nasal elevado hacia arriba, escamas de la cabeza muy fragmentadas, pupila vertical y color grisáceo con una banda parda dorsal en zig-zag.
Hábitat: aparece en todo tipo de bosques, en roquedos con matorral, muros de piedra entre cultivos e incluso dunas litorales en Doñana.
Distribución geográfica: Penísula Ibérica (menos el extremo norte) y Noroeste de África. En Andalucía, aparece en todas las provincias, aunque escasea en las áreas de campiña del Valle del Guadalquivir y las zonas áridas de Almería. En la Subbética, su distribución parece estar restringida a las sierras: Horconera, Sierra Alcaide, etc.
Comportamiento: el periodo de actividad es generalmente de marzo a octubre, aunque en las zonas cálidas de nuestra región está activa prácticamente todo el año. El máximo de actividad parece desarrollarse en abril y en agosto-septiembre. Es esencialmente diurna, pero en verano también crepuscular y nocturna. En las horas más cálidas en verano puede descansar en el agua de los arroyos. En verano y a principios de otoño se sube a los matorrales (por lo que las mordeduras pueden ser más graves, si se producen en cuello o cabeza). Descansa en las horas cálidas en terrenos herbosos, entre o sobre los arbustos y en las horas más frescas sobre rocas, bajo cortezas, etc. Si se la molesta, prefiere huir, pero puede morder encarnizadamente cuando la pisan o sujetan.
Sustancias tóxicas y modo de acción: el veneno es una mezcla de muy diversas sustancias, la mayoría de naturaleza proteica. Las víboras poseen un enzima similar a la kalikreína que produce liberación de cininas (bradicinina, etc.), y de diversos factores que actúan sobre la hemostasia (mecanismo para evitar la pérdida de sangre tras una rotura vascular). Las víboras tienen más antígenos que otras serpientes venenosas. La acción del veneno se debe en parte a la presencia de enzimas en él y en parte a sustancias producidas en los tejidos como consecuencia de la mordedura. Básicamente se han demostrado una acción sobre la coagulación sanguínea, una acción proteolítica y una acción activadora de la respuesta inmunitaria del complemento. Las alteraciones de la coagulación se producen tardíamente en los casos más graves. Su LD50 (dosis que mata a la mitad de los ratones de experimentación) está entre 14 y 30 mg/kg (siendo por tanto entre 30 y 60 veces menos potente que el veneno de la cobra india (Naja naja)).
El mecanismo de acción sobre la coagulación se produce por varias vías. En primer lugar se produce agregación plaquetaria tras la lesión vascular, potenciada por la endopeptidasa del veneno, que provoca activación de los factores plaquetarios. En segundo lugar, hay activación del paso de protrombina a trombina y de fibrinógeno a fibrina. El resultado final es una coagulopatía. La activación del complemento y del sistema quinina son los responsables principales del edema. El efecto de ruptura de las células sanguíneas se produce directamente por acción de la fosfolipasa A sobre la membrana del hematíe o a través de la transformación de la lecitina en lisolecitina, que actúa como sustancia hemolítica.
Síntomas: al ser mordida la víctima experimenta un dolor intenso, acompañado de inflamación y edema que se extiende a zonas vecinas, incluso a todo el miembro. En las mordeduras de cara y cuello la tumefacción puede dar asfixia al obstruir la vía respiratoria. Junto al dolor aparece paresia o parálisis fláccida transitoria del miembro mordido, linfangitis, livedo reticularis o cutis marmorata y adenopatías. Se forman vesículas o ampollas serosas o sanguinolentas. En general tras la picadura de las víboras europeas la sintomatología se detiene aquí, en otros casos hay cefaleas, nauseas, vómitos, diarrea, dolor abdominal, hipotensión o síncope. Pueden aparecer grandes equimosis, necrosis de tejidos y gangrenas que pueden precisar amputación (de todas formas los tejidos suelen ser más viables de lo que su aspecto hace sospechar).
Las mordeduras de víboras pueden originar anemia intensa progresiva por destrucción de glóbulos rojos, activación del complemento, microangiopatía y microtrombosis generalizada. El veneno puede actuar sobre la coagulación y dañar el endotelio vascular con aparición del síndrome de coagulación intravascular diseminada (CID), con consumo de plaquetas, fibrinógeno y otros factores de la coagulación. Al agotarse las plaquetas y los factores de la coagulación aparecen las hemorragias en muchos lugares del organismo, pudiendo llegar a presentarse en corazón, cerebro y glándulas suprarrenales. Todo ello lleva a shock, coma e insuficiencia renal.
El pronóstico de los envenenamientos depende de la aparición de insuficiencia renal y CID, lo que no suele ocurrir antes de 24-48 horas, siendo difícil establecer la predicción de la gravedad antes.
Grados de envenenamiento: En el grado 0 se incluirían aquellas mordeduras sin reacciones locales ni generales, y por tanto sin envenenamiento. En el grado 1 se incluirían el dolor y edema local moderados, pero sin síntomas generales. El grado 2 se consideraría un envenenamiento moderado, siendo sus características un mayor dolor y edema hasta raíz de extremidad, presencia de adenomegalias dolorosas, linfangitis, equimosis extensas e incluso zonas de necrosis como manifestaciones locales. En cuanto a las sistémicas podrían incluir ansiedad, náuseas, vómitos, taquicardia, hipotensión, alteraciones de la hemostasia y proteinuria. El grado más alto o grado 3 representa un severo cuadro de envenenamiento, caracterizado por una sintomatología sistémica que incluiría rabdomiolisis, hemólisis, CID, fallo renal agudo, trastornos neurológicos, llegando incluso a la posibilidad de coma y parada cardiorespiratoria. La valoración del paciente debería hacerse varias veces en las primeras 24 ó 48 horas por la posibilidad de modificar el grado. La mayor parte de los envenenamientos producidos por víboras en España lo son de grado 0 o I. Los de grado II se producen con menor frecuencia, y los de grado III son muy excepcionales.
- Hay que mantener el paciente en reposo e impedir cualquier movimiento, ya que la actividad muscular aumenta la difusión del veneno y en consecuencia su acción tóxica
- Hay que mantener la extremidad afectada a un nivel más bajo que el resto del cuerpo, para dificultar la difusión sanguínea del veneno.
- Lavar con agua y jabón, y aplicar un antiséptico. Es aconsejable utilizar un antiséptico que no deje pigmentación para poder detectar cambios posteriores en la coloración de la piel.
- Se debe cubrir la herida con una gasa estéril pero sin aplicar pomadas ni cremas ya que no aportan ningún beneficio.
- Hay que aplicar bolsas de agua fría en la extremidad afectada, separadas de la piel mediante una toalla. Nunca se ha de poner el hielo directamente en contacto con la piel.
- Puede ser útil la administración de algún analgésico (paracetamol) para calmar el dolor.
- Puede ser útil aplicar un corticoide (6-metil prednisolona) y un antihistamínico.
- Hay que trasladar al paciente inmediatamente al hospital.
Medidas que hay que evitar
- No deben hacerse incisiones alrededor de la herida ya que se podría facilitar la penetración del veneno y provocar un riesgo de infección.
- No se debe de succionar el veneno con la boca, porque el socorrista puede absorber veneno, y la cantidad de éste que se obtiene no justifica el riesgo.
- Nunca se ha de quemar la herida.
- No se ha de aplicar lejía, ni permanganato potásico, ni barro, ni hierbas en la herida.
- No se han de aplicar torniquetes. Los torniquetes que comprimen demasiado, empeoran la sintomatología local, y pueden llegar a producir isquemia de la extremidad. Además, cuando el torniquete se retira, el veneno pasa directamente a la circulación sanguínea y provoca un shock.
- No se han de suministrar bebidas alcohólicas.
- No se ha de aplicar suero antiofídico alrededor de la herida, porque aumenta el edema y la isquemia.
- No se han de aplicar agentes inhibidores de la fibrinolisis ante la presencia de síndrome hemorrágico y de coagulopatía intravascular diseminada (CID), porque agrava la coagulopatía y provoca hemorragias intensas.
- No se ha de administrar fibrinógeno, en lugar de suero antiofídico, porque se impide la formación del coágulo.
Tratamiento: se basa en la desinfección local, la profilaxis antibiótica (con amoxicilina + ácido clavulánico) y antitetánica, la inmovilización y colocación de la extremidad afectada, la observación durante 24 a 48 horas y descartar y actuar ante las posibles complicaciones.
El tratamiento sintomático incluirá antiinflamatorios, antieméticos, analgésicos, cardiotónicos, anticoagulantes y otros fármacos, según cada caso.
Desde el punto de vista quirúrgico estarían indicadas la extracción de colmillos incrustados,la eliminación de tejidos necróticos o la cirugía reconstructora.
El tratamiento específico es el suero antiofídico, que debe ser administrado en el hospital. A veces su administración puede resultar más perjudicial que la propia mordedura, ya que podría provocar una reacción anafiláctica. Debe reservarse para los envenenamientos de grado III: cuando se presenten alteraciones de la hemostasia, del estado general o si el edema abarca toda la extremidad afectada.